Todo comienza cuando crees que ya se ha acabado, te das cuenta de que todo sigue su curso y todo era solo eso, un mal momento que se pierde por los pasillos de relojes derretidos...
"Tras ese bajón de anoche, me inunda la tristeza, no paro de darle vueltas, no consigo conciliar el sueño, me pudro por dentro. Me doy cuenta de una cosa; triste sale todo mal... bueno, menos escribir, puede que componer, porque tus sentimientos afloran, aunque estén rotos. Toca cambiar de filtro, ver la vida de otra manera, intentar ser feliz, las cosas se hacen mucho mejor con una sonrisa en la cara... no, en el alma"
Y ahí es cuando debes venirte arriba e intentar hacer las cosas bien, pues no puedes reparar el alma de otra persona cuando tú mismo eres un alma rota, no sale nada bueno. Ahí te vienes arriba, y todo empieza a funcionar, ves la luz, ves la esperanza, recuperas la ilusión. Y no, realmente no son efímeras, eso creemos pensar cuando le hemos perdido, es más facil de lo que creemos recuperarla, solo hacen falta ganas de vivir, un poco de coraje y fuerzas.
Ahora, respiro, pienso, sueño, imagino, recorro los largos pasillos de marfil de mi mente dormida, veo la luz, estoy en una gran sala circular, hay una puerta a la oscuridad, esa ya la pasé, aunque siempre se puede volver, te pueden encerrar ahí... El caso es que decides abrir la otra puerta, aún no se muy bien cual era, pero debe ser la de la felicidad, ya que al abrirla, me encontre lo que más me hacía feliz: había un gran prado, de hierba suave color esmeralda, que cubría una gran pradera, en el cielo siampre se ven dos lunas, una plateada y otra color cobrizo, que parecen los ojos del cielo azul. Bajo este cielo hay una cascada, en cuyos pies había un lago cristalino, donde se estaban bañando mis seres queridos.
Estaba dividido en partes, en la primera, no por ello más importante, estaban mis amigos, algunos recientes, otros olvidados, pero al fin y al cabo, amigos, los de verdad.
En la segunda, se veía a mi familia, estaba dentro de una hermosa cueva que había bajo el lago, se accedía buceando y era preciosa, la luz del sol entraba por diminutos agujeros del techo que era reflejada despues por una gran gema color zafiro.
En la tercera... En la tercera está el amor de mi vida, tras una cascada, en un paraíso del que no me gustaría salir jamás. La vi sentada en una roca, de espaldas, cepillándose su suave pelo. La llamé, se dio la vuelta, pude ver su bello rostro sonrosado, su sensual silueta... Pero lo que más me cautivó fue su viva mirada, con esos ojos color Madre Tierra, caprichosos pueden ser un día tierra, otro día hierba...
Queda decir que en este paraíso de mi mente dormida, siempre suenan armoniosas melodías, eventualmente tocadas por mí...


Espero no salir nunca de aquí...
Espero despertar aquí cada mañana...
Me gusta mucho el almacén de sensaciones dormidas en tu mente.
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